viernes, 25 de diciembre de 2009

I


Extraño tu cuerpo invadiendo la noche
de peces y párpados
El humo de aquellas cartas azules
que alguna vez me escribieras
Los caracoles me traen el mar
lleno de espejos y cantos
Si alguna vez te dejé en el cieno
vestida de blanco
como el sueño o las aves
fue para extrañarte
para desnudo arder en el camino

Ahora el silencio
Lejos está el cortejo de sombras
que entre los árboles era cierto
las manos tórridas
alcanzando la piel clara de los ciervos

En las ciudades la lluvia
muestra su canción llena de presagios

Ahora tu rostro se cubre de incienso
como la noche que entre tus piernas deja
esa procesión llena de fuegos.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Sobre José Lezama Lima


En la obra de José Lezama Lima, uno de los máximos representantes del barroco cubano y latinoamericano, se alcanzan formas claras y oscuras, donde convive el sueño con las sombras. En la Muerte de Narciso se aprecia esto claramente, donde “el espejo se olvida del sonido y de la noche”. Lezama Lima pone de manifiesto en esta obra el retorcimiento, la exageración, donde también se puede respirar sin mucha dificultad, claro está siempre fiel a las formas Gongorinas del contraste. José Lezama maestro que juega con las palabras, sino plenamente a la manera del trovar clus, si se acerca a ese hermetismo o esoterismo de los juglares del siglo XII o mejor aún al recogimiento de las formas barrocas del siglo XVII. Impenetrable y penetrable será la poesía de Lezama Lima, en este espacio se desarrolla su verbo. Sus seres de luz se mueven también en tierras de sombras. Clarividente entre la noche, Lezama Lima camina luminoso con su palabra desde la otra orilla escuchando esos cantos órficos que la poesía le va develando.

domingo, 22 de noviembre de 2009

I


Esta es la última canción para Eurídice
Caronte ha tirado las amarras
y yo estoy partiendo

La cítara calcinó los árboles
la piel que en la noche
era un inmenso pájaro

Yo en sus ojos
Sembré la estrella transparente
la luz de los ciervos y las mañanas
Bebí de ese fruto la claridad impalpable
Encendí entre sus piernas
la naturaleza que ella tanto quiso

Yo en sus manos
predije este Hades, este insomnio perpetuo
estos parpados que son cenizas entre las aguas

La primera vez que te vi
Vestías como los ríos
Con una túnica transparente
Con unas sandalias que entre la bruma
Desataban el sueño

La primera vez que te vi
Eras un árbol inalcanzable dentro de ese cielo
Que jamás nos perteneció

En su cuerpo los caracoles, los peces resplandecían
Su sexo era un animal triste

Aparté las aguas de su pecho
Abrí el mar como un presagio

Quise encontrarte en esta ciudad inasible
Siguiendo tus pasos como estelas ardiendo
Quise encontrarte y tu voz jamás me volvió a anunciar el alba
Quise escucharla levantar en el viento
Un reino celeste
Quise nuevamente la canción perdida

La lluvia es una piel clara que incendia mis manos…

martes, 3 de noviembre de 2009

Sobre la poesía

Creo que toda poesía nace al borde de la muerte, al borde de la noche y de los ojos y del insomnio. Atravesar el claro de los bosques es ir incendiándose desnudo, terrible. Sentir al amor nombrando objetos inalcanzables, es sentir la poesía o la poética de lo inasible. La labor del poeta no se agota en las imágenes o las palabras, sino en la vida, en la bohemia preciosa que nace de los prostíbulos y los bares. Sentir la poesía es como arrancarle la piel a los ciervos, a los animales que entre la lluvia encienden sus ojos. El poeta jamás miente, porque es la divinidad la que posee su verbo. El poeta debe aceptar la promesa que la noche le deja como herencia (herencia difícil). La calma como ese mar que espera a los amantes no le pertenece, porque él aguarda en los puentes al suicida, para dejarse seducir por la muerte, por la ensoñación inasible de la poesía.


Juega con el fuego en la palma de sus manos
Recorre los bosques ardiendo desnuda
Nuevamente la lluvia en sus ojos nombra ciudades
Es la vida que los náufragos tatúan en las playas
Es la sortija que se abandona en los ríos
Se puebla el otoño en sus labios
La ausencia es un espejo que en la noche se enciende
Tiembla como los claros ciervos del sueño
Ella en sus manos detiene el canto y la sombra
Nuevamente los peces son el fuego secreto
Que entre sus piernas arden…

martes, 20 de octubre de 2009

Recogí tu cuerpo en este cántaro, con estas manos que la noche me legara
Tu piel anuncia la lluvia, el color diáfano del sueño
Amanezco y las ventanas se han ido/ los cielos se guardan entre tus piernas
Tu cuerpo me dejó el humo impalpable de aquellas presencias que al borde de los mares inventan el silencio.
Busqué tu nombre/ la razón de estas navajas y estas flores que la noche hace cierta/ el tacto húmedo creado de tu nombre
El cielo era una habitación vacía / una danza oscura que se olvida de pronto…
Eras la mujer desnuda que se rompe entre los árboles/ la evocación diáfana de los ciervos.
Eras la promesa, el naufragio lleno de peces y de insomnios / la levedad de una patria inhabitable…
Te seguí, entre las hojas ibas dejando un rastro de fuego/ vi tu cuerpo desnudo bañando los ríos, tu sexo era un talismán inmenso, la palabra que legitima al amor.
Mis ojos humeaban como la estrella que entre las aguas se hunde/
Entonces
ame el fuego el silencio la noche…

lunes, 28 de septiembre de 2009

Poema IV

El ùltimo pasaje de este reino
Es tan claro como tu sexo
Aquí las aguas se detienen
Los ciervos retoman su camino
Inflamados por los días
Donde bebieron de la noche
Esos ojos / esa existencia impalpable
Que se abre entre los árboles
Aquí termina el deseo diáfano
Que en el paraíso temblaba
Y se hizo luminoso
Como un único fruto revelado
Aquí nuevamente las palabras preciosas y desnudas
Bañan sus cuerpos esperando
Ese tono que tu piel inventa
O inventara acaso en el sueño…

Poema III

Nuevamente llegaste
Acaso primavera
Con tu imagineria y tus flores
Con tus sortilegios
– arcano vestigio /que tus manos guardan-
Con las palabras que el mar recoge
En forma de canto
Dije que llegaste
Que eras la estación abierta
El presagio que sucede
Cuando la noche es un fruto
y llega de pronto
Dije que llegaste
Porque es cierto el cielo
La ceniza que se inventa del amor
La copa que entre los árboles aproxima la muerte
Me anunciò tu cuerpo / el sueño de las aves
El sueño transparente que entre las aguas se alcanza
El color de los bosques
Que arden entre tus piernas
Dije que llegaste
Esta vez eras la patria de los ciervos
De la nostalgia preciosa que aproxima la lluvia
Eras el cielo calcinado
Que me aguarda tan cerca
Esta vez llegaste
Y mis manos legaron al viento
Ese cuerpo que arde en el sueño…

lunes, 10 de agosto de 2009

...



Poema I

De tus ojos
los ciervos beben lentos
el alba


Quiero romper en tu piel
el claro de los bosques
como un misterio constante


La calma de tu cuerpo
es una paloma
que atraviesa el color diàfano del sueño


Quiero arrancar tu vestidura de noche
que el fuego levanta


¿Acaso he elegido el camino
de tus sandalias
que entre las aguas abren
una ruta impalpable de rocìo...?


Poema II

te amè en esta patria llena de muertos
te amè con el cuerpo
lleno de pàjaros transparentes
con la luna temblando entre tu sexo
con tus manos prìstinas
recogiendo el lucero
que entre los bosques calcina
la eternidad de la lluvia

Amè esa vida que legaste
al viento
y a la noche
la patria celeste donde habitas
-el mar recoge esos ojos que el cielo renombra-

Te amè nuevamente

aunque lo olvidamos de pronto...

sábado, 27 de junio de 2009

Altazor


Releyendo el canto II de este gran poemario, como es Altazor realizado por el chileno Vicente Huidobro, me encuentro con imagenes que no me son faciles de olvidar, con respiraciones de fatigas lejanas y golondrinas atravesadas por el viento, con creaciones muy ingeniosas y trabajadas por el vate chileno. Vicente es sin embargo como lo demuestra este canto, un poeta enamorado no solo de una mujer mas hermosa que el relincho de un potro en la montaña, sino de la poesìa misma, de la poesìa en cuanto paso rutilante ante nuestros ojos, de aquella rosa que florece en manos del pequeño dios que es el poeta.