
En el año que pasó tuve el agrado de encontrarme con algunos poetas chilenos a través de sus escritos. Uno de ellos fue el poeta Braulio Arenas, dador de objetos oníricos, de luces claras que van desnudando mujeres de cabelleras de fuego de los bosques. A la manera de Breton, Braulio Arenas nos lleva hacia la insospechada tierra del sueño, como Paz la llamaría la lejana patria de los muertos. Arenas junto con el nocturno Teófilo Cid,constituyen grandes representantes del grupo Mandrágora. Éste último visto por muchos como poeta maldito, por otros tantos comprometidos con la poesía, bendito como Rimbaud "Porque jamás podrá arrojar al amor por la ventana". Otro poeta que me hizo viajar con el humo de los trenes, con los cerezos en los inviernos, con las muchachas y sus despedidas repentinas fue el gran Jorge Teillier, nacido en Lautaro al que luego miraría extrañado como si éste fuese un pueblo fantasma. Compañero de boxeadores que juntos en la noche recordarían, después de los aplausos y las dádivas, sus terribles condiciónes de outsiders. Teillier gran amigo del poeta peruano Juan Cristóbal, como lo rebelan las epístolas que ambos alguna vez mantuvieron, sigue dos grandes paradigmas, por un lado el de Teófilo Cid y por otro el de Neruda, si bien este último, como lo dijera el mismo Teiller en alguna entrevista, hable del paisaje en forma distinta: “Él escribe sobre un paisaje emergiendo, no en decadencia como es mi caso, sobre el fin de un tiempo”.